Bendigo a esa persona que me vio. Cuando todo era conflicto, cuando el afuera venía a perjudicarme y el mundo me jugaba en contra. Todos en mi contra y yo deseando que el otro cambiara, cuando la única salida era cerrarme y bajar los brazos. Ahí, en esa niña cobarde llena de miedos, alguien vio su esencia. Alguien confió en ella, como ella misma no podía. Alguien la pudo vislumbrar con luz propia y llevándose el mundo por delante, haciéndose dueña de su vida, con los pies plantados en todo lo vivido y el alma lista para florecer como mujer.

Por eso bendigo a la vida de ese “alguien” tan cerca de la mía, su insistente confianza y empuje, a tal punto de hacerme cambiar de parecer, de tener que tragarme muchos juicios mal empeñados. De hoy tener la humildad de saberme ignorante en ese momento. Que interesante reflexión sobre mi, que el orgullo era mi segundo nombre. Y ¿qué hubiera sido de mí sin ese “alguien”? No lo sé. Lo que sí se con absoluta seguridad es que todos somos uno, espejos de nosotros mismos, que el otro eres tú, que la vida solo te da personas, conflictos y situaciones para tu aprendizaje. Sé que una parte de mí estaba harta de sentirse fallada y asumió un posible cambio.

– ¿Cómo? Pregunte yo.

– Si no te ves tú, alguien más lo hará por ti. Respondió la vida.

Y ese “alguien” llegó, con las palabras justas en el momento indicado. Sin otro interés más que darme la posibilidad de dejar de “sobrevivir” para empezar a vivir. Por eso bendigo y digo gracias por su presencia, por ser mi guía y maestra, por darle luz  a mi esencia.

Tal vez por ello, Inicia Tu Encuentro tiene como prioridad ese primer paso en el camino del autoconocimiento… porque el mío fue un antes y un después, porque ese empujón fue necesario para lanzarme a la pileta.

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